adviento 2022

¡Renovar las fuerzas! Miércoles II de Adviento

Disponte

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón:

Se acerca el Reino de Dios – Carmelo Erdozain

Textos Bíblicos 

Pulsa para leerlos AQUI

1a. Lectura: Isaías 40, 25-31

Salmo: 102

Evangelio: Mateo 11, 28-30

Reflexiona (mira el video)

Propósito

REVISA tu vida con la luz que te da el consejo No. 5 para vivir el adviento.

VISITA con actitud fraterna a alguna persona de la que te hayas alejado por prejuicio o por causa de sus errores.

HAZ la oración a Santa Maria de Guadalupe

REZA la Oración por la paz

Jaculatoria: (repite durante el día):

¡Bendice al Señor, alma mía!



Concluye:

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón

Abre tu tienda al Señor– Carmelo Erdozain

adviento 2022

Vengan a mí, todos los que están fatigados 

Adviento

Miércoles de la II semana 

Textos

Del libro del profeta Isaías (40, 25-31)

“¿Con quién me van a comparar, que pueda igualarse a mí?”, dice el Dios de Israel. Alcen los ojos a lo alto y díganme quién ha creado todos aquellos astros.

El es quien cuenta y despliega su ejército de estrellas y a cada una la llama por su nombre; tanta es su omnipotencia y tan grande su vigor, que ninguna de ellas desoye su llamado.

¿Por qué dices tú, Jacob, y lo repites tú, Israel: “Mi suerte se le oculta al Señor y mi causa no le preocupa a mi Dios”? ¿Es que no lo has oído? Desde siempre el Señor es Dios, creador aun de los últimos rincones de la tierra.

El no se cansa ni se fatiga y su inteligencia es insondable. El da vigor al fatigado y al que no tiene fuerzas, energía.

Hasta los jóvenes se cansan y se rinden, los más valientes tropiezan y caen; pero aquellos que ponen su esperanza en el Señor, renuevan sus fuerzas; les nacen alas como de águila, corren y no se cansan, caminan y no se fatigan. Palabra de Dios.

† Del evangelio según san Mateo (11, 28-30)

En aquel tiempo, Jesús dijo: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré.

Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

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Mensaje[1]

En el pasaje precedente, estrechamente vinculado con nuestro texto evangélico (Mt 11, 25-27). Jesús aclara que el verdadero conocimiento de Dios como padre es posible porque el Hijo es quien introduce en esta familia a sus propios discípulos. Pero éstos, para acoger de verdad esta paternidad divina y la amistad del Hijo, deben hacerse “pequeños”.

Y Jesús nos indica quien es el verdaderamente “pequeño”; sólo el que crea que el estilo de Jesús, «sencillo y humilde de corazón», es el único camino para introducirnos en los secretos de Dios, y que para aprender este estilo se acerque a él iniciando un camino de seguimiento («Venite a me…»). Como la Sabiduría en el Antiguo Testamento (cf. Eclo 51, 26-27; 6, 24ss) invita a su escuela prometiendo «descanso», es decir, es plenitud capaz de sosegar el corazón inquieto de la humanidad, así Jesús, capaz de sosegar el corazón inquieto de la humanidad, invita a su apasionante escuela en la que descubrimos que somos hijos de Dios .

Por consiguiente, es necesario entrar en su escuela, acercándonos a él que habla del Padre a los propios amigos y descubrir que la familiaridad con Jesús es una escuela exigente y continua, pero también capaz de sanar, de dar paz al corazón. Ciertamente Jesús no exime al discípulo del compromiso pleno y perseverante en la observancia de la ley de Dios, como aparece cuando nos habla de «yugo» y «carga». Pero promete que será un peso proporcionado, adecuado a quien lo debe llevar y que a la postre se manifestará como una experiencia de libertad.


[1] Cfr. G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 114-116.

adviento 2022

¡Consolar! Martes II de Adviento

Disponte

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón:

Se acerca el Reino de Dios – Carmelo Erdozain

Textos Bíblicos 

Pulsa para leerlos AQUI

1a. Lectura:      Isaías 40, 1-11

Salmo: 95

Evangelio: Mateo 18, 12-14

Reflexiona (mira el video)

Propósito

REZA la oración de adviento No. 3

INVITA a acercarse a Jesús a alguien que se haya alejado de Él.

HAZ la oración a Santa Maria de Guadalupe

REZA la Oración por la paz

Jaculatoria: (repite durante el día):

¡Ya viene el Señor a renovar el mundo!



Concluye:

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón

Abre tu tienda al Señor– Carmelo Erdozain

adviento 2022

Se va a buscar a la que se le perdió

Adviento

Martes de la II semana 

Textos

Del libro del profeta Isaías (40, 1-11)

“Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice nuestro Dios. Hablen al corazón de Jerusalén y díganle a gritos que ya terminó el tiempo de su servidumbre y que ya ha satisfecho por sus iniquidades, porque ya ha recibido de manos del Señor castigo doble por todos sus pecados”. Una voz clama: “Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios.

Que todo valle se eleve, que todo monte y colina se rebajen; que lo torcido se enderece y lo escabroso se allane. Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán”. Así ha hablado la boca del Señor.

Una voz dice: “¡Griten!”, y yo le respondo: “¿Qué debo gritar?” “Todo hombre es como la hierba y su grandeza es como flor del campo. Se seca la hierba y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.

Sube a lo alto del monte, mensajero de buenas nuevas para Sión; alza con fuerza la voz, tú que anuncias noticias alegres a Jerusalén. Alza la voz y no temas; anuncia a los ciudadanos de Judá: “Aquí está su Dios. Aquí llega el Señor, lleno de poder, el que con su brazo lo domina todo.

El premio de su victoria lo acompaña y sus trofeos lo anteceden. Como pastor apacentará a su rebaño; llevará en sus brazos a los corderitos recién nacidos y atenderá solícito a sus madres”. Palabra de Dios.

† Del evangelio según san Mateo (18, 12-14)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron.

De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”. Palabra del Señor.

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Voz: Marco Antonio Fernandez Reyes

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Mensaje[1]

Durante el destierro de Babilonia la desconfianza y la tristeza oprimen el corazón de los deportados. Se preguntan si el Señor se ha olvidado de su pueblo, si es válida todavía su palabra, si subsiste un hilo de esperanza para Jerusalén. Es entonces cuando el Señor suscita un profeta anónimo, cuyos oráculos se añadieron al libro del profeta Isaías, porque de algún modo prolongan su mensaje. La lectura de hoy es el pórtico de estos oráculos, anticipando el tema de todo el contenido de su actividad profética. Dios pide al profeta y a sus discípulos que sean portadores de la buena noticia que les confía. La consoladora noticia consiste en una relación renovada con el Señor, en una alianza restaurada. Para el profeta un signo visible de esta renovada relación amorosa con el Señor es el regreso a la patria de los desterrados, que se llevará a cabo no en tono menor, sino de modo triunfal, en medio de una creación festiva, con el Señor que camina ala cabeza del pueblo, como triunfante guerrero y cariñoso pastor. 

La parábola del evangelio propone la actitud del pastor, que contra toda lógica deja noventa y nueva ovejas para ir en busca de la que ha perdido. El pastor tiene una relación personal con cada una de las ovejas del rebaño, por ello no se guía por criterios de eficiencia que privilegian la utilidad, la conveniencia y la seguridad; para él, la oveja que se ha perdido esta expuesta, es vulnerable, sufre y está a merced de todo peligro ¡debe ser rescatada! Cuando lo logra, se llena de alegría. 

Este pastor es figura de Dios, que ama con amor personal a cada uno de sus hijos y sale a su encuentro cuando se han perdido; leyendo la parábola en el contexto de san Mateo que habla a la comunidad eclesial, el pastor es figura también de la comunidad, llamada a ser “signo del rostro de Dios”; en ella cada persona debe tener rostro y nombre, no puede ser anónima; las relaciones deben ser personales; la comunidad, por tanto, es convocada también a desinstalarse para ponerse en camino en búsqueda de quienes se han separado del rebaño, viven situaciones de vulnerabilidad y corren peligro.

El Señor que viene, busca y consuela; esto, es suficiente para alentar nuestra esperanza y para animar el compromiso de buscar y consolar a quienes caminan por la vida desorientados, extraviados, solitarios, marginados y que viven en situación de vulnerabilidad y sufrimiento; de esta manera los discípulos sembramos esperanza en el mundo y alegría en la comunidad, porque, para quienes han optado por el reino de Dios, hay más alegría por la oveja encontrada que por las noventa y nueve.


[1] Cfr. G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 114-116.

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¡Maravillarse! Lunes II de Adviento

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Disponte

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón:

Se acerca el Reino de Dios – Carmelo Erdozain

Textos Bíblicos 

Pulsa para leerlos AQUI

1a. Lectura:     Isaías 35, 1-10

Salmo: 84

Evangelio: Lucas 5, 17-26

Reflexiona (mira el video)

Propósito

REVISA TU VIDA con la luz que te da el consejo No. 4 para vivir el adviento.

MEDITA el acontecimiento guadalupano

HAZ la oración a Santa Maria de Guadalupe

REZA la Oración por la paz

Jaculatoria: (repite durante el día):

¡Nuestro Dios viene a salvarnos!



Concluye:

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón

Abre tu tienda al Señor– Carmelo Erdozain

adviento 2022

Hoy hemos visto maravillas

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Adviento

Lunes de la II semana 

Textos

Del libro del profeta Isaías (35, 1-10)

Esto dice el Señor: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios, que se alegre y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos’.

Se iluminarán entonces los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos se abrirán. Saltará como un venado el cojo y la lengua del mudo cantará. Brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta, en manantial.

En la guarida donde moran los chacales, verdearán la caña y el papiro. Habrá allí una calzada ancha, que se llamará ‘Camino Santo’; los impuros no la transitarán, ni los necios vagarán por ella.

No habrá por ahí leones ni se acercarán las fieras. Por ella caminarán los redimidos. Volverán a casa los rescatados por el Señor, vendrán a Sión con cánticos de jubilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta el gozo y la dicha, porque la pena y la aflicción habrán terminado”. Palabra de Dios.

Evangelio

+ Del evangelio según san Lucas (5, 17-26)

Un día Jesús estaba enseñando y estaban también sentados ahí algunos fariseos y doctores de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, de Judea y de Jerusalén. El poder del Señor estaba con él para que hiciera curaciones.

Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; perocomo no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaronen la camilla y se lo pusieron delante a Jesús.

Cuando él vio la fe de aquellos hombres, dijo al paralítico: “Amigo mío, se te perdonan tus pecados”. Entonces los escribas y fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este individuo que así blasfema?

¿Quién, sino sólo Dios, puede perdonar los pecados?” Jesús, conociendo sus pensamientos, les replicó: “¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil decir: ‘Se te perdonan tus pecados’ o ‘Levántate y anda’? Pues para que vean que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados dijo entonces al paralítico: Yo te lo mando: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”.

El paralítico se levantó inmediatamente, en presencia de todos, tomó la camilla donde había estado tendido y se fue a su casa glorificando a Dios.

Todos quedaron atónitos y daban gloria a Dios, y llenos de temor, decían: “Hoy hemos visto maravillas”. Palabra del Señor.



Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Voz: Marco Antonio Fernandez Reyes

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Mensaje[1]

Hoy hemos visto cosas increíbles 

Lucas narra este milagro mientras está rodeado de fariseos y maestros de la ley. El evangelista advierte de inmediato que «el poder del Señor le hacía obrar curaciones», es decir, la misericordia mostraba su fuerza de cambio, de curación, de fiesta de los curados y de sus amigos. Y esto provocaba no pocos interrogantes y preocupaciones a quienes confiaban en la ley y en la observancia de las reglas como paradigma de la salvación. 

La curación del paralítico llevado por sus amigos ante Jesús es fruto de su fe. El milagro se realiza por la fe de aquellos amigos, una fe hecha de amor, de tenacidad, de perseverancia. Querían llevar al amigo enfermo a donde Jesús y, cuando encuentran la multitud agolpada ante la puerta, deciden subir al tejado y abrir en él un boquete para poner a su amigo delante del Señor.

¡Cuánto debemos aprender de esta actitud! Muchas veces la amistad entre nosotros es superficial, sentimental y resignada. Basta poco para olvidarnos los unos de los otros. Los amigos de aquel paralítico no actuaron así. Su ejemplo nos exhorta a hacernos cargo con amor de quien está enfermo, es pobre o indefenso. Se trata de crear una alianza afectiva entre los discípulos y los pobres, entre los discípulos y los enfermos. Esta alianza especial permite realizar estos milagros. 

El Evangelio nos enseña que el milagro comienza cuando se pone en el centro a aquel enfermo, un centro que no es sólo físico, sino del corazón. Y Jesús, viendo aquella fe, cura al paralítico de forma plena, más incluso de cuanto ellos se esperaban. De hecho, dirigiéndose a aquel enfermo le dice: «Tus pecados te quedan perdonados». Jesús ve también el corazón del paralítico y la necesidad que tenía de ser perdonado. Y le concede la salud plena, tanto la del cuerpo como la del corazón. 

Los creyentes debemos seguir haciendo hoy lo mismo que aquel grupo de amigos. Es bello poder decir que los cristianos son los amigos de los pobres, enfermos y débiles. Aquí se pone en marcha el cambio del mundo que Jesús ha inaugurado.


[1] Cfr. G. Zevini – P.G. Cabra, Lectio divina para cada día del año. Vol. 1, 114-116.

adviento 2022

¡La paz es obra de la justicia! Domingo II de Adviento

Disponte

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón:

Preparemos los caminos – Carmelo Erdozain

Textos Bíblicos 

Pulsa para leerlos AQUI

1a. Lectura:    Isaías 11, 1-10

Salmo: 71

2a. Lectura: Romanos 15, 4-9

Evangelio: Mateo 3, 1-12

Reflexiona (mira el video)

Propósito:

ENCIENDE la segunda vela de la corona de adviento.

HAZ EL PROPÓSITO de ser portador de alegría con personas que han perdido la esperanza.

HAZ la oración a Santa Maria de Guadalupe

REZA la Oración por la paz

Jaculatoria: (repite durante el día):

¡Ven, Señor, rey de justicia y de paz!

Concluye:

Escucha el siguiente canto, síguelo en tu corazón

Tened encendida la lámpara – Carmelo Erdozain

adviento 2022

Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca.

Adviento

Domingo de la II semana 

Ciclo A

Textos

† Del santo Evangelio según san Mateo (3, 1-12)

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos está cerca”.

Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.

Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre.

Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.

Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham.

Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé fruto, será cortado y arrojado al fuego.

Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han arrepentido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias.

El los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego.

El tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja.

Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se extingue”. Palabra del Señor. 

Fondo Musical: P. Martín Alejandro Arceo Álvarez

Mensaje[1]

El evangelio de este Domingo nos prepara a la venida del Señor con una invitación, clara, fuerte y precisa a la conversión. Nuestro pedagogo es Juan el Bautista, profeta del desierto, mensajero de la conversión. El texto que consideramos nos describe el perfil de este gran predicador que anuncia en el desierto un cambio de vida para superar el juicio de Dios

En el momento en que va a comenzar la predicación de Jesús aparece una personalidad nueva y desconocida; su entrada en la escena coincide con una nueva época de la historia que coincide con el tiempo final, el tiempo del Mesías. Lo que caracteriza a Juan es su predicación; viene a despertar la conciencias para abrir lo ojos a la obra que Dios está haciendo y conseguir que esta obra sea adecuadamente recibida por corazones bien dispuestos.

El relato está estructurado en forma organizada y didáctica; nos dice en dónde aparece Juan, nos narra su vida y presenta su predicación. Saquemos el mayor provecho de la contemplación del evangelio deteniéndonos en el escenario, en el mensajero y en el mensaje.

El escenario: El desierto

«En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea». El desierto es el lugar de un silencio envolvente, propicio para la escucha. En sintonía con el profeta Oseas (cf. 2,16) se le puede considerar como el lugar -geográfico y simbólico- al que se regresa para enamorarse de nuevo con Dios.

El “desierto de Judea” era una extensión amplia de terreno, que desciende vertiginosamente desde el costado oriental de Jerusalén hasta las cercanías del profundo valle del Jordán, descansando en la ribera occidental del Mar Muerto. Desde allí se extiende hacia el norte y hacia el sur, también con accidentada geografía, siempre pedregoso en sus montículos y con numerosos acantilados hondos en las monumentales rocas. Su erosionado suelo provoca un paisaje de apariencia grisácea, dando sensación de desolación.

Este desierto había sido refugio ideal en tiempos de guerra. ¿Por qué Juan predica allí, donde no hay casi nadie? ¿Por qué allí si lo que predica es un encuentro con Dios y no una fuga? El desierto es el lugar de la “escucha” donde se atienden, lejanas de toda distracción, las directivas de Dios. Para Israel el desierto fue con frecuencia un punto de referencia que apuntaba a sus orígenes y por eso, al tenor de la profecía de Oseas, el espacio geográfico-espiritual al cual se regresa para retomar el proyecto con la fuerza del amor primero

Para Mateo el término «desierto» tiene un matiz de «desolación»; sin embargo, el desierto como referente bíblico-histórico parece ser esencial; aún en la misma mentalidad popular el significado del lugar necesitaba ser aclarado desde una clave bíblica. El mismo Mateo da la clave. La referencia que hace a Isaías nos permite encontrar una nota de esperanza al evocar la peregrinación del Pueblo que vuelve del exilio, la acción poderosa de Dios que realiza el éxodo y el pueblo que regresa purificado y dispuesto a construir una sociedad nueva.

El personaje: Un profeta llamado Juan

Juan es presentado como un personaje del desierto. Lleva una vida austera. Su manera de vestir : «usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero» recuerda a Elías (cf. 1 Re 1,8) cuya indumentaria se convirtió en el ‘uniforme’ de los profetas (cf.  Zac 13,4). Vivía de lo estrictamente necesario, «se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre».

Este dato su estilo de vida personal: el vivir de lo estrictamente necesario proclama en primera persona que el predicador ha puesto su corazón en un valor mayor y que está dedicado completamente a la causa de Dios: vive abandonado a su providencia y en función del valor mayor lo relativiza todo de manera que nada lo aparte de su voluntad. Así de fuerte e intensa es la relación que sostiene con Dios.

El pueblo busca a Juan; su predicación alcanza un amplio radio. La gente que lo escucha está cansada, sabe que algo anda mal, que la forma como funcionan las cosas no ofrece la vida que quisieran, ni corresponde a lo que está llamados a ser como pueblo de la Alianza; se cometen muchas injusticias y son muchos los que participan de ellas. La voz de Juan les devuelve la esperanza, les recuerda su vocación y quieren recomenzar, recorrer un nuevo camino para vivir según la justicia de Dios, por eso le siguen.

La gente se hacía bautizar y confesaba sus pecados. Esta actitud –un gesto público- denota su sinceridad y la rectitud de su intención. No buscaban sólo la pureza legal, simbolizada ritualmente, sino la pureza moral. Este bautismo que era un parteaguas en su vida, funcionaría sólo si daban frutos de conversión.

El mensaje: Conviértanse, el Reino está cerca

El mensaje de Juan pretendía despertar las conciencias, abrir los ojos para que todos vieran la obra que Dios hacía y ésta fuera recibida adecuadamente por los hombres y mujeres de corazón bien dispuesto. El imperativo es «¡Conviértanse!». Se trata de tomar distancia de todo lo que impide experimentar la cercanía de Dios, su amor y su misericordia. La motivación es clara: «el Reino de los cielos está cerca». La conversión es para caminar en dirección al Reino. El Señor viene, cumple su promesa de salvación y ésta tiene exigencias para quienes quieren acogerla.

El tema final de la predicación de Juan es la venida de Jesús. Esto lo deja claro en la advertencia que hace a los fariseos y a los saduceos que querían recibir el bautismo pero se mostraban renuentes a un verdadero cambio; se sentían privilegiados por ser descendientes de Abraham. Sin embargo, la conversión que Juan predica no tiene excepciones, no admite aplazamiento, ni fingimiento; implica un juicio y éste es inminente. A los que quieren el bautismo pero no quieren cambiar Juan les llama «raza de víboras» los considera hipócritas, falsos, son gente que hace daño –envenenan- y este daño es irreparable.

La única manera de recibir a Dios que viene es la conversión sincera y esta debe constatarse: «hagan ver con obras su arrepentimiento» No se trata sólo de superar conductas pecaminosas, sino reconocer radicalmente a Dios orientando a Él la vida para que ésta exprese lo ‘nuevo’, lo que Él quiere que hagamos. La conversión no consiste en cambiar ‘algunas’ cosas que incomodan, consiste en un movimiento interno para poner la propia existencia en sintonía con Dios.

Juan como profeta no sólo remueve las conciencias con sus denuncias sino que también anuncia lo nuevo que está a punto de venir. Lo hace confrontando el bautismo con agua que él administra con el bautismo con Fuego y Espíritu Santo que administrará el Señor. Juan es sólo el precursor.

El Bautista presenta de manera severa la intervención de Dios. Su predicación se propone pedagógicamente en el Adviento, invitándonos a disponernos interiormente, porque el Señor está cerca y lo recibirán sólo quienes sean dóciles a Él y no quienes busquen únicamente su propia satisfacción o quieran llevar adelante sólo sus proyectos.

La conversión no se reduce ritos religiosos. Hay muchas personas que asisten a Misa y nada acontece en ellos, les da lo mismo, siguen igual. La conversión implica una transformación profunda de la persona, pasar de la rebeldía con Dios, abierta o disimulada, a una obediencia sincera a Él en todas las cosas.

Esta conversión se nos hace difícil en la medida que estamos apegados a nuestra voluntad, a nuestro amor propio y y con habilidad escondemos estas actitudes bajo apariencias de bondad.  No tengamos miedo. Jesús no se manifestó como juez terrible sino como hermano mayor, hijo de un Padre misericordioso. La conversión a la que se nos invita en este Adviento nos pide disponernos interiormente para participar en la novedad definitiva: la tremenda cercanía de Dios, que nos ama con misericordia infinita.

[1] Cf. F. Oñoro. Juan Bautista en el Desierto. La voz del profeta de los nuevos tiempos. Mateo 3, 1-12. CELAM/CEBIPAL.